Mi abuelo
Siempre lo veía venir del conuco, bien fuera con un costala’o de yuca o
un racimo de topocho. A sus ochenta y tantos años caminaba erguido y fuerte,
como si el tiempo hubiera pasado solamente por su piel, arrugándola, pero se
hubiera congelado en su espíritu y en su templanza.
Yo no había acabado de
tomarme el primer guayoyo, y él ya le había sacado al llano el fruto de su
sudor, incluso antes
de que el sol saliera a bañar la pampa. El sol es más viejo que yo y me da
vergüenza que me tope dormido solía decir mi abuelo con una cálida sonrisa.
Y así era; el sol rara vez lo topaba dormido; ni siquiera en las escasas veces
en que lo vi de parranda, porque entonces ahí, seguía de largo para verlo salir
por el horizonte, silueteando la solitaria palma real que se miraba en el camino
de la laguna del hato.
Era mi abuelo un llanero de condición. Igual
montaba un potro cerrero, ordeñaba a medio luto en la madrugada, o iniciaba una
larga conversa con el charapo, sacando la tarea en el paradero. Fueron
incontables las veces en las que lo vi salir, montando su potro canelo a
recoger los rodeos, como incontables fueron las veces en las que, con su cifra
de herrar, dejaba establecido en la pierna de los orejanos, de quién era ese
cajón de sabana.
Pero donde más clarito se manifestaba lo
llanerazo del viejo, era cuando de su boca salía una palabra. Si su palabra era un regaño, llegaba con su
exacta dosis de enseñanza. Si por el contrario era una palabra de afecto y
reconocimiento a la labor cumplida, tenía la noble cualidad de hacerlo sentir a
uno, el más feliz de los humanos. Si de
la boca del viejo salía una promesa, no se necesitaba nada más, para
saber que ya podía considerarse como un hecho cierto.
La palabra de mi abuelo era un documento
firmado y notariado con validez en todo el llano. Y fue así hasta el último de
sus días, porque mi abuelo, fiel a su promesa de no dejarse topar dormido,
murió de madrugada, antes de que el sol despuntara. Desde ese día, el llano ya
nunca más fue el mismo, el viejo se había ido.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali

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