Desde hace algún tiempo, he
sentido la necesidad de escribirte está carta abierta. Hoy que cumples tus 20
años y abandonas la adolescencia para convertirte en una mujer adulta, he
tomado la decisión de entregarte lo que podría llamarse, mi testamento moral.
En estos renglones, quiero transmitirte lo poco que he podido aprender acerca
de la vida. He tenido varios maestros, hija. Lo que aquí leerás, es producto de
consejos recibidos, experiencias vividas, espejos observados y errores cometidos;
sobre todo de errores cometidos. Y quiero transmitírtelo, no para que lo tomes
como un molde, pues tendrás que construir tu propia existencia y tu propia
experiencia, máxime cuando yo mismo, soy aun un perfecto ignorante en este
camino que El Barbas me envió a recorrer. Quiero contarte mi visión de la vida,
para que sea una ayuda en la tuya, ya que como tu padre, solo puedo amarte,
cuidarte y apoyarte; no puedo recorrer tu camino. Solo tú lo podrás hacer y
tengo la convicción que lo harás con dignidad y honor. Con lo anterior de
manifiesto, tratare de resumir en palabras, frases y párrafos, este testamento
que hoy tu viejo te entrega con todo el amor del mundo. Es un poco larga quizá, pero siendo mi Testamento, no quería dejar nada por fuera. Leela por favor.
Me encantaría que el principio
rector de tu vida, sea la búsqueda constante de la felicidad. Si veo en ti a
una mujer feliz, podre morirme tranquilo cuando llegue el momento. Parece
fácil, pero como todo en esta vida, tiene su truco. Si bien, estar feliz es
producto de una decisión, también es cierto que todas las decisiones que tomes tendrán consecuencias, de tal manera que
algunas de ellas contribuirán a hacerte feliz, pero otras, causaran el efecto
contrario. Entonces, ¿Cómo minimizar el riesgo de tomar decisiones que nos hagan
infelices? Pienso que si sometes tus decisiones a los dictados de tu
conciencia, y las pasas por los tamices del respeto por los demás, la
honestidad, la coherencia, la gratitud y la bondad, es un buen proceso para
minimizar ese riesgo. Y cuando tomes una decisión basada en estos elementos,
procura defenderla y mantenerte en ella, salvo que tú misma, concluyas que te
equivocaste. Para tal fin, y extensivo a la vida misma, escucha consejos pero
ten tu propio criterio; de lo contrario corres el riesgo de convertirte en una
veleta al vaivén de los vientos. Se feliz, esfuérzate por serlo, ya que es un
objetivo difícil de alcanzar, como son todos los objetivos que valen la pena.
Procura que el amor sea el hilo
conductor de tu comportamiento. Ama sin miedo. Oirás muchas veces que quien
ama, sufre. Sí, es verdad pero solo en parte. Quien ama, sin duda crece,
disfruta, se acerca a Dios; así que no tengas miedo, porque incluso si al amar
sufres, ese sufrimiento no será nada en comparación a lo que el amor le aporta
a tu crecimiento espiritual. Ama a tu familia pues al final, tu familia es
parte del equipaje regalado por Dios para el camino y podrás ver, que pese a
todo, ella siempre estará ahí para ti. Y en especial, ama a tu hermana;
recuerda que de las casi siete mil millones de personas en el mundo, la única
que lleva exactamente tu misma sangre, la sangre de tu padre y de tu madre,
es ella y eso, sin duda, la debe hacer especial ante tus ojos.
Cuando llegue el momento en que
sientas amor por alguien, ama sin miedo, con sinceridad y con honestidad. Se la
mejor versión de ti misma para que en ese proceso de construcción que significa
ser pareja, tengas siempre la conciencia tranquila de haber hecho tu parte.
Pero siempre, somete ese amor que sientas por alguien, a la prueba ácida del
amor propio. Si sentir amor por alguien llega a lesionar tu amor propio,
desecha ese sentimiento. No importa que tan fuerte sea, o que tan fuerte
consideres que es. Nadie merece que renuncies a tu amor propio. Además, ten en cuenta que algunas veces
confundirás con amor, otros sentimientos, de manera que en el proceso de
reconocerlos, debes actuar con cautela y responsabilidad. Ser valiente al amar,
no significa ser temerario. Y ser valiente al amar, incluye hacerse respetar
por el ser amado, cueste ello lo que cueste.
Ama a tus amigos y cuando consideres
a alguien como tal, se una verdadera amiga. He comprendido, que gran parte del
papel de los amigos, de los verdaderos amigos, se resume en apoyo y
advertencia. Apoyo para ayudarte a crecer y firmeza para advertirte de tus
posibles equivocaciones, así que un verdadero amigo, es en esencia un ángel
guardián. Cuando encuentres uno que
reconozcas como tal, preocúpate por mantener su amistad y por brindarle la
tuya. Finalmente la amistad es la otra cara de la moneda del amor, y tanto amor
como amistad, son entidades con vida propia confiadas por Dios a tu cuidado. De
ti depende mantenerlas vivas.
Siempre y sin excepción, respeta
las leyes de la sociedad donde vivas. Ellas están ahí para facilitar la
convivencia de los seres humanos. Respétalas y hazlas respetar, aun si
encuentras una que te parezca injusta. Cuando eso suceda, y te convenzas que
esa ley lesiona la sociedad, lucha incansablemente por cambiarla. Es tu
responsabilidad y no la puedes delegar en nadie más. Gran parte de las
desgracias sociales, suceden porque las personas rehúsan su deber y su derecho
de aportar en la construcción del ordenamiento legal de la sociedad en que
viven.
Dale siempre el justo valor al
dinero. Es un bien necesario para desarrollar nuestra vida, es un medio que nos
permite satisfacer muchas de nuestras necesidades básicas, y como tal debe
verse. El dinero es bendición o maldición, en dependencia a como se lo ve. Si
se le tiene como un fin, causara la ruina de tu espíritu. Nunca caigas en la
trampa de hacer ese mal negocio. Aprende
como hacer que el dinero sea uno de tus activos, sin convertirte en una esclava
de el.
Gran parte de la satisfacción que
sientes con tu vida, tiene que ver con el trabajo que desarrollas, así que
ahora que estas comenzando tu rumbo, procura encontrar qué es lo que más
felicidad te brinda al hacer, y lucha por desarrollar tu vida laboral en esa
actividad. El trabajo es la dignificación del humano, ya que por medio de él,
cumplimos con nuestro papel en el mundo. Todos, sin excepción, vinimos aquí a desempeñar
una función en la compleja danza del universo. Trabaja con honestidad,
dedicación y amor, y dedícale a esa parte de tu vida, el justo tiempo. El
equilibrio es la clave.
Además, el
trabajo es la única manera bondadosa de obtener dinero. El dinero que llega
producto del trabajo honesto, es siempre una bendición. Pero puede suceder que
no logres desempeñar tu trabajo en el área que desees; así las cosas, hay un
plan B. Aprender a amar lo que hacemos, cuando no podemos hacer lo que amamos.
Con un alto nivel de
probabilidad, llegará el momento en que decidas unirte a alguien más para
construir tu propia familia. Esa, hija mía, es la decisión más importante de
todas las que tendrás que tomar, así que se cauta y responsable, para que
cuando te embarques en esa maravillosa aventura, tengas toda la disposición
para llevar ese barco a puerto seguro, enfrentando tempestades y mares
agitados, pues no siempre navegaras en aguas tranquilas y vientos serenos. Si
decides tener hijos, recuerda que para ellos, tú serás todo y de manera
inobjetable, ellos serán una cercana imagen de ti, de tu propia vida y de la
forma como los eduques. Ser padres es la experiencia más cercana a lo que
significa Dios, así que, nuevamente, tendrás que esforzarte por ser la mejor
versión de ti misma.
Y llegados a este punto, es
necesario que tengas bien definidas tus prioridades, pues se puede caer en el
error de sobrevalorar algunas cosas subvalorando otras. Si tienes definidas tus
prioridades, darás el primer paso para reconocer el rumbo que quieres que tenga
tu vida. Eso es de suma importancia pues te facilita las decisiones y cierra
una de las miles de puertas de entrada de los errores. Una máxima dice que “el
que no sabe a dónde va, cualquier bus le sirve”. Y he aprendido que toda
decisión que incluye la palabra “cualquier” es de por sí, un error. Aunque sé que las conoces, te cuento las mías
en estricto orden: 1. Familia – 2. Trabajo – 3. Conocimiento. Notarás que no enlisté a Dios. Bien, es que
Dios está presente en todo, y gracias a Él y para honrarlo a Él, vivo mi vida.
Aunque la vida a veces es una
experiencia estresante, trata de no ponerte de mal humor. Cada minuto que se
vive en ese estado, es una verdadera pérdida de tiempo, así que ante las
adversidades, el camino sensato es la lucha denodada por vencerlas, y las
luchas siempre se dan mejor con una sonrisa en los labios.
Cultiva algún arte; el que
quieras, el que elijas, para el que descubras que tienes aptitud. El arte tiene
mucho que ver con la belleza y con la bondad. Un instrumento musical, un lápiz,
un lienzo, una piedra por esculpir, una danza que bailar o una fotografía que
tomar, siempre mantendrán a raya la soledad y estimularan tu desarrollo
espiritual.
Aprende a disfrutar los
contrastes de la vida. Goza de las cosas sencillas y de las grandes cosas. Todo
lo que hay en este mundo, viene de las manos del creador, y están allí para
contribuir a acercarte a Él, cualquiera que sea la idea que tengas de
Dios. Se libre de elegir el camino que
te lleve a Él, pero como en todos los procesos de selección, se sumamente
cuidadosa pues en tratándose de este asunto, hay muchos caminos ciegos. Sigue
tu corazón, finalmente es la casa de habitación del creador. Aprende a oírlo.
No engañes a nadie y menos a ti
misma; ese es el peor error de cuantos podemos cometer. Si aprendes a vivir con
base en la verdad, obtendrás uno de los mayores tesoros del universo; La
tranquilidad. Esa pequeña palabra, es transversal a todos los aspectos de tu
vida. No es posible disfrutar de este mundo si no se halla la esquiva
tranquilidad. Con ella en tu vida, veras que todo es mejor.
La gratitud y el perdón, son dos
valores que deberás tener siempre a mano. Nunca olvides lo bueno que alguien
haga por ti, agradécelo y procura retribuirlo con afecto. Y nunca olvides lo
malo que alguien te haga, para que al perdonar, no caigas en la trampa de
permitir que te lo vuelvan a hacer. Perdonar es recordar sin rencor, y
agradecer es recordar con amor.
Por último, trata de vivir de tal
manera, que seas para los demás, portadora de felicidad; se humilde, pues
reconocerse como un ser que no es más, ni menos que nadie, es completamente
indispensable para obtener felicidad. Vive de tal manera que si alguien se
acerca a ti, cuando se vaya sea una persona mejor y más feliz que cuando llegó.
Vive para que tu presencia sea agradable, y tus actos, un ejemplo de vida.
Somos seres sociales y si bien debemos preocuparnos ante todo por nuestra
propia felicidad, contribuir a la felicidad de quienes nos rodean, es la mejor
manera de agradecerle a Dios por el maravilloso regalo de la vida.
No olvides que siempre, no
importando lo que suceda, vas a contar con este viejo que te ama profundamente.
Papá
