Estaba totalmente encapotado el cielo;
por las señales que daba y de acuerdo a la baquía de Juan Domingo,
era cosa de una hora larga para que empezara a manar lluvia sobre el
llano. Tenia tiempo suficiente, asi que habiendo descolgado el cuatro
del garabato de caruto, tomó el sendero que lo llevaba a la barranca
del río. Descalzo y con el pantalón remangado mas arriba de la
batata, se sentó en el mismo lugar de siempre, a la sombra de un
centenario Yopo y le zumbo los pies al agua. No podía precisar qué
era lo que lo reconfortaba mas, si las aguas del Guacavía
acariciando sus pies o la brisa rompiendo contra su pecho acongojado.
Tenía los ojos a punto de llover, asi como el cielo del llano en esa
tarde gris. Allí, solitario en la barranca, empezo a conversar con
su amigo inseparable, su compañero incondicional; sabía que su
cuatro de cedro lo escucharía paciente y sin prejuicios.
Re Menor, tono lastimero y golpe de
tonada.
“Ya van varios dias que la doña esta
silente; el bongo que patronea Felipe ha remontado tres veces y
cuando lo capeo, el hombre me hace señas sin soltar la palanca; no
hay carta familita. Asi que como no pude saber si leyó la que le
mande ese viernes despues del trabajo de llano, y a falta de su
respuesta, decidí no enviarle mas cartas. Las escribo si, viejo
cuatro; usted mismo me ha visto recostado en el curraco entregado a
la escritura, pero no se las hago llegar. Sin embargo debo
escribirlas porque de lo contrario, el sueño no aparece. ¿Recuerda
cuando me tocó levantarme a las dos de la mañana hace dos semanas a
escribirle? Pues es que me las habia tirado de varón y dije que no
mas cartas. Pero ya ve, viejo cuatro, encontré la formula precisa
para poder dormir; las escribo y no se las mando. Se las guardo por
si llega a aparecer de nuevo”
La 7. Floreo
“Tiene razón en todo lo que usted me
ha dicho; yo sé que la vaina es bien jodida, y que mejor sería
dejar eso así. Yo se que usted tiene razon cuando entre sus notas me
dice que eso de cabalgar a la ciega, tratando de sortear el tremedal,
es bien peligroso. Yo sé mi viejo amigo que de pronto estoy arando
en el mar pero, vaya expliquele eso al terco corazón mio. El carajo
no entiende de razones y cuando se arrecha por tanto reclamo que le
hago, me dice que al fin y al cabo yo no mando en el, y que entonces
para que me hago mala sangre. Si lo ve desde ese punto de vista, el
hombre tiene hasta razón también. ¿Que culpa tenemos, usted, el
corazón y yo, de haber visto en la doña, a la mujer que es agua
dulce en el verano y café colao en el invierno?”
Re menor, dos compases - Re 7, un
compás - Sol menor.
“Lo cierto es que esta silente y que
no es la primera vez que sucede. Lo cierto es que este viejo criollo
la extraña y la espera. Estos ojos esperan sus cartas y estos labios
sedientos esperan sus besos de caña dulcita. Este cuerpo cansado por
la brega espera su abrazo que lo revive y el potro de mis deseos
espera la sabana de su piel para perderse en ella, a rienda suelta.
Lo cierto es que no tengo ninguna explicación para el hecho de
sentir por la doña, esto que no tiene ni siquiera nombre. No tengo
la mas mínima idea de qué es lo que sucede conmigo, y aun así,
pretendo tratar de saber lo que sucede con ella. ¡Ja! Yo creo que
este viejo criollo esta perdiendo el juicio”
Do 7, Floreo – Fa mayor
“La ultima vez que pasó Felipe, el
bonguero, hace dos dias, a grito herido desde el río, me dijo que
habia visto a la doña quemando unos papeles en un fogón de tres
topias. Que había atracado en la fundación donde vive a descargar
una remesa y que cuando la saludó, ella ni siquiera levantó la
mirada. La doña está quemando mis cartas, viejo cuatro. Para dos
mortales que habían tendido un puente con palabras escritas, es un
asunto grave. Alguna vez leí que borrar las letras escritas es una
buena manera de comenzar a olvidar. De pronto, la doña esta
olvidando”
La 7, dos compases – Re menor dos
compases.
“Exacto cuatro viejo, no hay nada que
yo pueda hacer. Usted me conoce y lo último que yo haría, sería no
respetar la voluntad de la doña. Yo no puedo hacer mas que esperar,
escribirle y guardar las cartas por si algún dia regresa. No, viejo
cuatro, eso no es cobardía ni conformismo. Es que no se retiene a
quien se va por gusto; solo se le da llano para que a galope tendido,
se aleje si es su deseo y se le mantiene el tranquero abierto por si
decide regresar. Ya que El Barbas sea el que ponga de nuevo las
trancas, es otro cantar; él sabe mas que usted y yo.”
Española de medios compases - Re
menor, Do mayor, Si bemol mayor, La 7.
La mareta jugaba con los pies del
criollo y grandes gotas de agua empezaron a caer del encapotado cielo
llanero. No se supo si el agua que Juan Domingo traía en las
mejillas cuando desandó el sendero, venia de las nubes o de sus
ojos. Lo que si se supo, era que venia tranquilo, con el pecho
sosegado y dispuesto a apurar en su pocillo de peltre, una taza de
cerrero humeante, para encontrar en su aroma, la escencia de la doña
ausente.
Re menor. Floreo
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
